Hoy estará gran parte del día al teléfono. Puede que sus seres queridos y familiares tengan impactantes noticias, pero los cambios que vendrán para usted y su familia serán recibidos con gran entusiasmo. Hoy se sentirá apasionado, creativo y muy verbal. Eso dice mi horóscopo virtual. A los efectos de la crítica, además de absurdo, pretendo ser honesto. Pienso que esa es mi mejor herramienta, inventándome como uno que va y mira y dice. Pienso que es un buen homenaje para “una visión nueva del arte y del mundo, la corriente que representa a toda una juventud, su estado de ánimo, su situación interna”. Y también y por supuesto cuento con el valioso tiempo compartido con los hacedores, durante el origen del Experimendo.
El arte popular se construye entre todos y con lo que hay. Y una de esas cosas que hay suele ser el tiempo. Lo grandioso de utilizar el tiempo como material de construcción es que genera un acceso a la diversidad de formatos, de géneros, de estilos, de soportes, de temas y conceptos, además de que exprime el inconsciente. Finalmente, uno no asiste a una muestra convencional sino a una variopinta colección de expresiones culturales. O así sucedió esta vez y brindo orgullosamente por ello.
Sigamos con los artistas del tiempo y sus esculturas, que son estos fabulosos e imprevisibles happenings. La inauguración de la Sala Berni, en La Casa del Pueblo, fue un evento signado por el tiempo y el deseo. El deseo de varias personas de concretar el objeto físico de construir una sala de exposiciones. El tiempo que tuvieron para pensarla y construirla. Y las proporciones varían. Entonces, tenemos a estos artistas que, además de ser y trabajar, quieren compartir su obra y encuentran este lugar que los recibe felizmente y todos cooperan para que el arte y la cultura sucedan. Y así se gesta una obra mayor, que es el proceso de la expresión popular. La gente se reúne y se manifiesta. A la merced del criterio salvaje del instinto. Y lo que podría ser una probada más del sintético circo snob, es un abrazo crujiente y fraternal de distintas disciplinas y gentes y pensamientos. Es un canto colorido y espeso y etílico. Es una forma gratuita de la felicidad de bolsillo.
Podría, claro, desgajar párrafos y parrafadas intentado reflejar la nostalgia de los monstruos-cosas que espían desde el ático. Podría dedicar varias horas a reconstruir silábicamente cómo la artista alcanza el color y el dolor apelmazados en algunas pinturas de la sala principal o cómo el artista engrana los objetos para construir sinsentido o cómo ese enorme cuadro de frágil formato o ese enorme mural del hall engullen la ansiedad misma de volcarse en la contemplación. Pero no soy botón y, esta vez, escojo el misterio y la invitación como mecanismo de seducción. Quien quiera ver que vea. Si te perdiste las bandas y las luces rojas y verdes y las delicatessen y los balcones franceses y el vaho eléctrico de la prima noche bacanal; aún existe el tiempo de acercarse al barro cromático que la Casa del Pueblo y su Experimendo te convidan a seguir construyendo. Se sabe, la mirada sobre la obra es un elemento más de su metabolismo. Te invito entonces a sumarte como muñón emocional de este cadáver exquisito, para que no sea una muestra más de los Amigos del Arte sino ese caluroso chaperío orgánico, que nos pone a todos en la misma habitación del conventillo cultural a sudar espesas traducciones de un mismo universo, que se desvanece mientras el tiempo nos dibuja y nos borra individualmente.
Carlos Di Lorenzo




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